Caminando recto con pasos sordos,
Sin dejar huellas, miradas o absortos,
Mirando a ninguna parte y a todas,
El que nunca fue preso de vientos u olas.
Tras de sí la estela de amarga negrura
Desprovisto de amores, y caricias ninguna.
El que aunque landas o campos visita,
Cuantas flores recoge, raudas, marchita.
Caído de un cielo de amplitud extasiante,
Que con las alas cortadas llora anhelante.
Rodeado de gente allá donde mira,
Pero preso de la soledad llorando suspira.
Lágrimas mueren en su efímera caída,
Él busca entre ellas a su alma perdida,
Tiene un sabor amargo un cuerpo vacío,
Desesperado se levanta y susurra: ansío.
Llegan los días de su naturaleza barda,
Con silenciosas canciones el día aguarda.
El día destinado, espero con ojos mojados,
El amor auspiciado, que deseo como todos.
Ve manos auxilantes que le tocan,
Se ven tenues pero alegría invocan,
Así narré mi mente, rara, cambiante,
Pero así es mi ser, extraño y vagante.
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viernes, 22 de enero de 2010
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